Ximena, con su afinado sentido del agua, sintió que la esfera drenaba la humedad del aire. Al acercarse, la sombra se volvió más densa, amenazando con envolverlos.

Así, la historia de Los Brujos del Poder continúa, recordándonos que el verdadero poder no reside en la dominación, sino en la armonía de los opuestos, y que cada generación tiene la responsabilidad de mantener ese delicado equilibrio.

Izel, Tenoch y Ximena se reunieron bajo la enorme hoja del árbol sagrado, y con el Viento del Tiempo en sus manos, conjuraron una danza ancestral: cada movimiento liberaba una corriente de fuego azul, una ráfaga de sombra luminosa y una brisa que llevaba los recuerdos de los ancestros. La combinación creó una luz pulsante que atravesó la sombra del eclipse, creando una rendija de luz que se expandió como una ola.

—“Solo el que lleva la llama del verdadero fuego podrá pasar”, rugió una voz profunda que resonó en la caverna.